Me gusta pasar miedo. Me gustan las películas de terror, las historias de apariciones, los sustos, las casas que crujen, las noches de tormenta, los monstruos…
Lo disfruto porque algo en mi cerebro me dice “tranquila, todo es ficticio, o tiene una explicación”.
Pero, a veces, por más que tu cabeza trate de calmar tus alertas insistiendo en que todo es un truco de magia y que las cosas raras que escapan a tu raciocinio no son lo que parecen,
por mucho que no pares de repetírtelo, lo estás viendo con tus propios ojos. Y te lo crees.
Y esto es lo que te pasa cuando topas con Pablo Raijenstein y su espectáculo de mentalismo e ilusionismo,
OUIJA HOUSE . Que acabas replanteándote toda la asquerosa racionalidad que inunda tu cabeza.

 

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